Si algo he aprendido trabajando con niños es que crecer es una trampa. Que al volvernos grandes perdemos la facilidad de divertirnos con lo mas sencillo de la vida. Se nos va la inocencia y se nos lleva la magia que nos hace soñar con las simplicidades de los días. Y es que los niños tienen el don de ser felices por el solo hecho de existir. En su cabeza el mundo tiene otro color y otra música, y eso los hace especiales. Así de simple y profunda es su filosofía de vida.

La vida nos presta los hijos para volver a aprender a ser niños. Para reírnos de nada y para nada. Para entender que la vida es bonita simplemente por ser vida. Los niños no lo saben pero son los más felices de este mundo. Y es que ellos nos enseñan que la felicidad esta en los buenos momentos y en nada mas.

Aprende a ser espontáneo, di lo que se te pase por la cabeza, se chistoso, sonríe, no tengas miedo, no va a pasar nada y te vas a divertir.

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