Hoy me desperté con ganas de no reírme. Me ando viendo una serie en Netflix que me gusta mucho pero que me hace llorar. Llevo 37 capítulos y tres cajas de kleenex. Cómo influye lo que ves con lo que sientes. Pero es que no todos los días nos provoca reírnos. Y es que estar triste también es necesario y sano para valorar más los momentos felices. Y como no dejo de ver la serie, porque me encanta y me atrapó, ya hasta me siento parte del elenco y sufro y vivo todo lo que ahí pasa. A mi esposo le da risa. Pero a mi no. Estoy seriamente personificada y sumergida en una historia de amor, de patria y de guerra que me tiene mas nostálgica que nunca. Algo así como lo que se siente cuando el horno te quema la pizza. Les prometo que cuando me acabe esta serie me veré como mínimo cinco horas de Chespirito.

Leave a Reply

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.