Ya van como sesenta y tantos días sumergidos en este cuento que es como una historia contada por un niño de 5 años. Que los chinos crearon un virus con un murciélago, que no deja que nadie salga a la calle y todo el mundo está encerrado, solo salen a buscar papel higiénico y la gente se tiene que poner máscaras y guantes y lavarse las manos todo el día, y unos se mueren y otros sobreviven y los héroes son azules y el niño no para de imaginar.
La fantasía se desborda en esta historia. Todo se sale de proporciones y es escalofriante la manera de sentirnos todos protagonistas de esta fábula inexplicable. No paramos de lavarnos las manos así como de sorprendernos y valorar lo mundano. Han sido mas de sesenta y cinco días, de tardes cortas, de noches largas y bonitas. Unos desvelados, otros menos pero sin poder salir.
Hemos cerrado las puertas de nuestra casa pero hemos abierto las ventanas de nuestras pantallas y las de nuestro corazón para saludarnos, ayudarnos, entretenernos, reírnos, enseñarnos, celebrarnos, acompañarnos, despedirnos y la lista sigue y sigue. Porque los seres humanos necesitamos de los demás. De las miradas, de las sonrisas, de las risas, de los llantos, de los abrazos. Volvimos a entender la importancia de tenernos y querernos con el miedo a perdernos y a extrañarnos.
Llevamos mas de setenta y tantos días encerrados pero nuestra imaginación vuela tanto como la del niño de esta historia que vivimos, que solo falta que nos dejen salir para volar más alto.
Las historias de niños siempre son mágicas y felices y en el fondo sabemos que esta también tendrá un final así. Ya falta poco. Sigamos esperando con la misma calma que no sabíamos que teníamos, con la sonrisa en la cara y con la tranquilidad que da la risa, que pronto nos podamos reír sin mascaras con el de al lado, y que esta fábula nos deje muchas enseñanzas y más historias buenas para contar.
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